Posteado por: joseandresgallego | 17/10/2012

Entrevista publicada en Tracce (Italia), tal como la envié

2012/9/28 Alessandra Stoppa
Carissimo professor Andrés-Gallego,

provo a sintetizzare alcune domande. Il formato dell’intervista è molto piccolo (2mila battute totali) per cui anche le risposte risulteranno molto brevi.
Comunque lei scriva ciò che è necessario, poi le taglierò io all’occorrenza.

1) Il Parlamento catalano ha approvato una risoluzione per promuovere un referendum indipendentista nella prossima legislatura (dopo le elezioni anticipate del 25 novembre). Chi si oppone sostiene che il referendum è illegale. È vero, e perché?

No, el Parlamento catalán no ha llegado a aprobar esa resolución. El presidente del Gobierno catalán lo propuso y unos dijeron que sí y otros que no y, sin votación sobre ello -que yo sepa-, optó por disolver el Parlamento y convocar elecciones para el 25 de noviembre y anunció el compromiso de convocar el referendum después. Entiendo que es una forma de decir que, si gana esas elecciones y tiene los votos suficientes, propondrá que sea el Parlamento catalán el que le autorice a convocar un referendum. De esa forma, evitaría un posible delito de prevaricación, que podría inhabilitarle durante diez años. Sería así -ilegal- porque el artículo 149 de la Constitución vigente atribuye la posibilidad de convocar un referéndum únicamente al Gobierno español y en el artículo 92 se exige que participen en él todos los españoles con derecho a voto. Podría hacer una “consulta popular”; pero, según la propia Ley catalana de Consultas, requeriría, primero, la autorización del Gobierno español y, segundo, que los consultados no coincidieran exactamente con el cuerpo electoral catalán, o sea con quienes tienen derecho a voto en Cataluña y, desde el punto de vista jurídico, eso no tendría carácter ni, por tanto, valor de referendum. Otra cosa es que “moralmente” se le diera ese valor. Pero es inverosímil que el Gobierno lo autorizase. A mí me gustaría que lo autorizara, sin duda, con tal que se pongan de acuerdo en el “cuerpo electoral” consultado, para cumplir esa ley catalana y para evitar manipulaciones.

2) Si dice che il principale motivo di scontro con Madrid è il rifiuto del governo Rajoy di concedere l’autonomia fiscale alla Catalogna.È vero?

Es raro que se diga eso; todos los Gobiernos de las Comunidades Autónomas en que está articulada España tienen autonomía fiscal y, en conjunto, más poderes que los que tienen los Länder alemanes, por ejemplo, y tantos o más que los diversos estados de USA. Lo que quieren los gobernantes catalanes -y bastantes más- es más autonomía y, al tiempo, la ayuda de la Hacienda estatal para hacer frente a la renegociación de su deuda pública. Esto último es lo realmente perentorio y hace todo ello paradójico. El Gobierno catalán es uno de los más endeudados de España, tanto en cifras globales (44.000 millones de euros) como en proporción a su PIB (Producto Interior Bruto) y, en estos momentos -primeros de octubre- tiene que afrontar un vencimiento de 500 millones y no puede pagarlos. Hace días, solicitó del Gobierno español 5.023 millones para ello y todo lo demás que necesita urgentemente. Ante esa petición, el ministro de Hacienda del Gobierno español le exige una política comercial más abierta a los productos del resto de España, y los gobernantes catalanes no quieren y replican con la petición de más autonomía fiscal. Alegan que pagan más y reciben menos. A eso se les responde que, en el cálculo, incluyen el IVA que recaudan por la venta de productos catalanes en el resto de España y que eso no es un impuesto pagado por Cataluña, sino por los demás españoles y, por tanto, debe beneficiar a todos los españoles. Pero ni el Gobierno español ni el catalán publica sus cálculos de la balanza fiscal teniendo en cuenta ese último criterio. No estamos informados de la realidad fiscal catalana. Ni ellos ni los demás. Sólo sabemos que las cotizaciones de los catalanes a la Seguridad Social no cubren siquiera las pensiones que cobran los jubilados catalanes; en 2011, el déficit fue de 1.167.595.370,86 euros, que salieron de la Hacienda estatal, o sea de los demás españoles. Pero el silencio de ambos Gobiernos en relación con las cuentas globales es llamativo. Nos obliga a preguntarnos si hay algo en esas cuentas que ni unos ni otros quieren dar a conocer.

3) Quali sono le radici di questo sentimento nazionalista e che relazione ha con la crisi?

Las raíces se alargan -por lo menos- hasta el siglo XVII. La unidad española del siglo XV fue solo dinástica: fue la reunión de un conjunto de reinos bajo un mismo monarca; pero los reinos se mantuvieron como tales, cada uno con su propio ordenamiento legal e incluso -algunos- con aduanas y aranceles para pasar productos de uno a otro. Eso, hasta 1812. Por otra parte, hasta entonces, el 60 % aproximadamente -muy grosso modo- de lo que hoy llamaríamos el presupuesto de gastos de la monarquía recaía sobre los reinos europeos de la corona de Castilla (que era entonces la más rica). Hubo varios intentos fallidos de equilibrar la situación y que los reinos de la corona de Aragón (yo soy aragonés) pagaran más, entre ellos el entonces “Principado de Cataluña”, y eso provocó una primera rebelión secesionista en 1640. De entonces procede el himno hoy oficial de Cataluña, “Els segadors”, que fue lo que se cantó hace pocos días en el Parlamento catalán, al anunciarse su disolución y nuevas elecciones. Este último detalle basta quizá para responder a la relación de esa historia con la crisis actual. El sentimiento “diferencial” se mantiene vivo en varias regiones de España. Pero se confunden dos realidades completamente distintas: una es el bilingüismo de esas regiones (Cataluña, la Comunidad Autónoma Vasca y Galicia principalmente, que tienen una indudable “diferencia” cultural con el resto de España por esa razón y todas sus consecuencias) y otra es la necesidad de que toda relación política -entre una comunidad mayor y otra menor (independientemente de que sea o no sea “nación”)- se resuelva en la dinámica entre solidaridad y subsidiariedad. No han leído (ni unos ni otros) “Caritas in veritate”. O no hacen caso a lo que dice.

4) Che importanza ha per tutta l’Europa questo scontro?

En el fondo, está el problema (que es europeo) de resolver la crisis económica actual dando prioridad a la creación de empleo realmente productivo o a que los inversores no paguen la crisis y recuperen sus inversiones, que es lo que se está haciendo. Sólo un aspecto que lo explica, creo, muy bien: muchos inversores alemanes confiaron sus ahorros a las cajas de ahorro alemanas, cuyos gestores invirtieron precisamente en la burbuja española -entre otras-, incluida la catalana. Y ahora no quieren aceptar el riesgo que implica toda inversión y dar por perdido lo que han perdido al estallar la burbuja. Quieren convertir las pérdidas de sus inversiones en deuda pública española. Lo necesitan, además, para que las cajas de ahorro alemanas no se hundan. Han exigido a Rajoy unos “recortes” que, en gran parte, son necesarios, pero, en gran parte, son los que están hundiendo la economía española por falta de crédito para fomentar la producción y distribución de recursos. Por eso insisten en que Rajoy pida el “rescate” y por eso advierten que el “rescate” tiene que ir a los bancos únicamente y que debe considerarse deuda pública española. Se trata, por tanto, de convertir las pérdidas de los inversores en deuda del estado. Ni Rajoy ni los gobernantes de Cataluña pueden denunciar esa maniobra; porque también quieren que se salven las inversiones de los españoles. De ellas dependen sus propios partidos políticos y su clientela. Rajoy, por tanto, no puede decir la verdad. Los gobernantes catalanes no pueden tampoco; pero, además, les urge renegociar su deuda… y necesitan el rescate. En vez de decir la verdad, llevan años subvencionando a toda la prensa catalana que se ha prestado a ello (que es prácticamente toda) para que insistan en pedir más autonomía fiscal y justificarla en la diferencia cultural catalana, que es cierta, pero que no tiene que ver. Juegan con fuego y, de momento, quienes se queman son más de cinco millones de parados y todas las personas que dependían de la ayuda internacional a los países menos desarrollados. Nos están ocultando la verdad con tres cortinas de humo: la de la Unión Europea, la de cada Gobierno estatal y, en España, la de cada Gobierno autonómico, incluido el de Cataluña.

5) Lei sostiene che questo dibattito serve per non affrontare il vero problema, che sono i 5 milioni di senza lavoro. Può spiegare meglio?

Lo acabo de explicar. Del europeismo de los años cincuenta que brindó la colaboración económica para sobreponerse a la división entre vencedores y vencidos, se ha llegado a un puro -e injusto- mercado común proteccionista para disfrute de los pocos europeos que vivimos en él. La base moral es el nihilismo festivo de que habló lúcidamente Del Noce hace cuarenta años y, por tanto, el consumismo y el hedonismo. Uno de los obstáculos para pasarlo bien (de ese modo) son los hijos. Los europeos nos hemos suicidado demográficamente. Italia y España son, precisamente, los países con una tasa de natalidad más baja, creo que del mundo, y, dentro de España, Cataluña. Ante la crisis de 2007-2008, se ha dado un paso más: nuestro nihilismo festivo pone en peligro todo: la fiesta y las inversiones con que se ha pagado y se paga. Y ahora los inversores no quieren asumir el riesgo que implica toda inversión.Ya no somos todos europeos fraternalmente unidos ni nos interesa, como prioridad, la familia humana. Nos hemos quitado la careta (algunos). Otros recurren aún a caretas como el catalanismo o la pereza de los españoles e incluso la afición a la “siesta”. Toda la Unión Europea está en esa dinámica. Como saben, sólo en Islandia se atrevieron a dar prioridad al empleo; se les amenazó desde el Fondo Monetario Internacional; no cedieron; la prensa europea dejó de hablar de Islandia en adelante (como si se quisiera extender la correspondiente cortina de humo)… y un día -hace pocos meses- se dio la noticia de que han salido adelante… con la ayuda del FMI. Y no olvidemos que muchos de los protagonistas de todo esto nos llamamos “cristianos”. Quizás ha llegado la hora de cada uno se desenmascare a sí mismo, no vaya a ser que nuestro “cristianismo” sea también un seguro para las inversiones y no hayamos caído en la cuenta.

La ringrazio, infinitamente.

Alessandra Stoppa

Posteado por: joseandresgallego | 30/09/2012

De www.isotrabajo.org

Del Instituo Social Obrero de Valencia, me envían su comentario al texto que se ha leído hoy en misa. La verdad es que parece escrito para el día de hoy. Me limito a copiar el texto:
“Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste”.
Santiago 5,1-6.

Posteado por: joseandresgallego | 27/09/2012

Catalanismo y anticatalanismo, la misma tapadera

Publicado en Paginasdigital.es 25/09/2012

Este martes se celebra en el Parlament un debate que puede ser decisivo. Con motivo de esa cita informativa, Páginas Digital hace público un artículo del historiador y maestro de historiadores José Andrés Gallego.

 

José Andrés Gallego

Ahora sí; ahora que ya ha pasado la marea de la Diada y el atolondramiento de entrar al trapo cada vez que un catalán habla en catalán (que, al fin y al cabo, es lo suyo) y el estilo torero de los nacionalistas que salvan la cara citando al toro centralista desde el medio (una vez afeitado), llega -¡por fin!- la solución: el estado -o sea usted y yo- pagará los dichosos “activos tóxicos” de la banca privada a precios suficientemente altos como para que los banqueros no pierdan. Que los banqueros no pierdan quiere decir que son los inversores quienes no pierden el dinero que invirtieron. Así se contentarán alemanes, británicos, franceses y españoles (inversores). Eso sí, no habrá crédito para crear empleo.

Cataluña y la empresa Artur Mas & Cía está en esto. Uno de los focos de la infección se llama Caixa Bank. Eso aparte de la financiación de la empresa de servicios Artur Mas & Cía y su ya gigantesca clientela. ¿Cómo dejar a tanta gente en la calle?

No hablemos de independentismo catalán, por favor. Hablemos de la empresa Artur Mas. Pero sólo para empezar. Tampoco hablemos de anticatalanismo patriótico español ni mucho menos de europeísmo. En la reticencia de Rajoy ante la perspectiva del rescate, late el mismo problema. Sabe que la presión centroeuropea para que pida que nos rescaten quiere decir -en alemán, inglés, francés, castellano y catalán- lo siguiente: “Quiero recuperar mis inversiones, que encaucé por sus bancos y, ahora, mire: no me pueden pagar ni aun lo que invertí. Y yo no invertí para arriesgar mi dinero, sino para ganar y, si he perdido por arriesgar, quiero que ustedes lo reconvirtieran en deuda, o sea en el préstamo que no les hice. ¡Devuélvanme, por tanto, mis perras!”

Pero ¿no éramos, ante todo, europeos (a lo De Gasperi, Schumann, Adenauer y demás santos inocentes)? ¿No somos, ante todo, españoles? ¿Es que no vamos a poder ser catalanes?

La respuesta, cuando ustedes respondan a lo anterior: con tirolés, barretina, boina o a pelo, ¿están dispuestos a ser europeos, alemanes, españoles, catalanes menos ricos que antes -o sea perder dinero- para que haya más crédito y, con ello, más puestos de trabajo y se reanude y mejore la inversión en el mal llamado Tercer Mundo (que, justo por Tercero, ha de ser el Primero)? Si, en la disyuntiva, no optan por la solidaridad real (contante y sonante) y optan por el capital (propio), no me vengan ni con Diadas ni contra las Diadas. Fue Hegel quien descubrió la trampa. Se lo digo ordenadamente para que lo entiendan mejor (digo a Hegel, no a mí): (i) la finalidad del estado es proteger la propiedad, Hegel dixit; (ii) nadie muere por defender la propiedad, ni siquiera la de uno mismo; (iii) en cambio, sí somos capaces de jugarnos la vida por la nación (alemana, catalana, española etcétera); (iv) cuando la gente corre a defender la nación, no sabe que, en realidad, la llevan a defender la propiedad privada; (v) llegará a descubrirse y, entonces, (vi) los gobernantes optarán por la propiedad privada.

La duda llega hasta este extremo: estamos en una crisis merecida -por todos (inversores y consumistas)-; pero, si la prioridad no fuera salvar las inversiones de quienes se arriesgaron a alimentar el consumo propio y ajeno, sino que se orientara a dar fluidez al crédito para crear empleo, ¿estaría la economía española como está en el día de hoy? ¿Habría cinco millones largos de parados? Me viene a la memoria lo que leí una vez en las actas capitulares de los caballeros veinticuatro de Sevilla, mediado el siglo XVIII, cuando se discutía si se subía o no el precio del pan: “Se trata de la sangre de los pobres”, advirtió un caballero veinticuatro. Y les aseguro, señores gobernantes, banqueros e inversores, que los pobres siguen teniendo sangre y que hay muchos que se desangran en este mismo instante. ¿Los desangran ustedes?

Posteado por: joseandresgallego | 22/05/2012

Lo que propuse en 2010 sobre el Valle de los Caídos

1. Nos parece que debe ser sometido a estudio y, en su caso, a debate lo que viene afirmándose sobre el origen del Valle de los Caídos y la procedencia de destruirlo o de cambiar su finalidad. Como historiadores, lo hemos estudiado y hemos llegado a las conclusiones siguientes.

a. La afirmación de que el monumento fue construido por 20.000 presos políticos en condiciones de esclavitud o trabajos forzados y pésimas condiciones de trabajo no se corresponde con lo que han llegado a concluir quienes han investigado ese hecho sobre los documentos que hay disponibles hasta este momento. Según ellos, la construcción duró seis años y los constructores trabajaron en tandas, ninguna de las cuales pasó de quinientas personas a un tiempo.

b. De ellas, según la documentación disponible, la mayoría estaba formada por trabajadores libres, claro es que asalariados. El número de reclusos que tomaron parte en la construcción debió oscilar entre 2.000 y 2.500 personas y había, entre ellos, tanto presos políticos como presos comunes. Fueron más los primeros –los presos políticos- hasta 1946, y más, en cambio, los presos comunes desde ese mismo año.

c. Cobraban todos: trabajadores libres, presos comunes y presos políticos. Para estos últimos, un día de trabajo suponía la redención de seis días de condena. De ahí que sea verosímil que, como aseguran las fuentes conocidas, si no todos, muchos se prestaran a ello voluntariamente. Se sabe de algunos que lo hicieron también para ver la posibilidad de escapar, aprovechando la naturaleza del lugar donde trabajaban, y, de hecho, escaparon.

d. Si las afirmaciones que se han hecho en otro sentido –como lo referido a que fueron 20.000 los presos políticos y que estuvieron sometidos a condiciones de esclavitud-, proceden de documentación fehaciente, todos los españoles tenemos derecho a conocerla.

2. Teniendo en cuenta el sinnúmero de monumentos artísticos que hay en todo el mundo en los que sí consta de forma fehaciente que trabajaron esclavos y cuya demolición no se le pasa a nadie por la cabeza, sean las pirámides de Egipto o la Gran Muralla, no cabe obviar la naturaleza precisamente artística y monumental del Valle de los Caídos, ni el hecho –enormemente significativo- de que sea uno de los lugares más visitados de España. Destruir monumentos de esa envergadura –incluso aquellos que proceden de la barbarie de una guerra- es, en realidad, otra barbarie.

3. Los impulsores de la construcción del Valle de los Caídos, lo presentaron como un símbolo de reconciliación, razón por la cual dieron sepultura en él a soldados de ambos bandos, y allí siguen sus restos. Lo que procede, por tanto, es hacer que sea real esa reconciliación y que el Valle de los Caídos sirva aún más para ello. Su carácter mortuorio es el más apropiado, a nuestro juicio, para un monumento destinado a la reconciliación que sigue a una guerra civil. Es desde luego justo que, a los familiares de los enterrados en el Valle de los Caídos, se les mantenga lo que ya tienen, que es el derecho a trasladar los restos a otro lugar, si es que lo desean, y que se dé asimismo la posibilidad inversa a quienes quieran, claro es que sin que lo uno o lo otro suponga un nuevo dispendio económico. En cuanto al hecho de que Franco quisiera que lo sepultasen allí, es de rigor respetar la voluntad de los muertos, sean quienes fueren, siempre que sea posible. Lo que procede en este caso, a nuestro entender, es dar la misma posibilidad de que los descendientes de Manuel Azaña –jefe del estado republicano durante la guerra- depositen también sus restos en el Valle de los Caídos. Azaña dio, de otra forma, su voluntad de reconciliación cuando, al final de su vida, decidió libremente morir en el seno de la Iglesia católica.

4. No queremos ocultar que nuestra primera impresión –evidentemente, provisional- ante las asociaciones concretas que han hecho mayor eco a aquella otra versión de lo sucedido –la de los 20.000 presos políticos sometidos a esclavitud- es que se trata de grupos financiados con cargo a los presupuestos del estado y, concretamente, de lo previsto en la ley de la denominada Memoria Histórica. Tienen doble obligación, por lo tanto, de probar lo que dicen. Viven a costa de todos los españoles. Y, en todo caso, deben ser consecuentes con lo que los españoles necesitamos en este momento, que es conseguir que tengan trabajo los millones de personas que no lo tienen, en parte porque el dinero se destina a otras cosas bastante menos urgentes y, en ocasiones, menos dignas.

5. En último término, se trata de que se callen de una vez aquellos a quienes el socialista Zugazagotia (fusilado por los nacionales en 1940) llamó “jugadores de la política”, que suelen impulsar odios en la sociedad por medio de lo que otro socialista eminente, Julián Besteiro –que murió ese mismo año en la cárcel- llamó “Himalayas de mentiras”. Que lo dijeran dos personas que iban a morir precisamente en la represión que siguió a la guerra no quita fuerza a sus palabras, sino todo lo contrario: invita a empeñarse en acabar con cualquier dialéctica de revancha y mentira.

Lo sucedido con el fruto del árbol que da el discernimiento entre el bien y el mal, ¿hay que entenderlo como desobediencia? Sí, claro; lo que no está tan claro es que se trate de desobediencia a una orden. Dios ¿avisa u ordena cuando dice que no comamos de esa fruta?

A lo mejor, en Dios, avisar y ordenar es lo mismo; vale; pero el asunto importa porque de ello depende que la muerte la conlleve el discernimiento o sea la pena añadida a la desobediencia. Una cosa es que nos prohíba algo bajo pena de muerte y otra que nos avise e incluso que nos prohíba algo porque conlleva, en sí mismo, la muerte.

Por otro lado, ¿en qué se opone vivir alimentados de la vida a discernir entre el bien y el mal?

El asunto podría entenderse si se ahornaran los “trascendentales” a Dios como puro acto de ser y, en ese caso, no sólo hay que pensar que existir, conocer y amar son mutuamente “convertibles”, sino que es “eso” lo que es Dios: puro acto de existir que es puro acto de amar y puro acto de conocer. Si esa equivalencia (casi diría sinonimia) se ha de entender de manera extremadamente recia, profunda, radical –tal vez ilimitadamente radical- en Dios, en tal caso crear otro ser distinto de Dios en quien fuera también lo mismo el puro existir, el puro conocer y el puro amar, equivaldría a crear otro Dios y ese “desdoblamiento” ya sucede en Dios mismo, en el hijo único que engendra como Dios (el propio Dios que resulta de ese modo que es padre); la Santísima Trinidad en que “consiste” Dios descarta, por lo tanto, esa opción (la de crear otro Dios).

Lo descarta (atención) porque eso ya sucede y no puede suceder de otro modo. Si Dios es puro acto de amor, es pura donación y, por tanto, su ser consiste en darse de tal modo que suscite (engendre) su propia alteridad, que, sin embargo, como se da totalmente, es totalmente Dios.

Eso es en lo que consiste engendrar a Dios Hijo, de manera que se puede decir que, en el origen que es él mismo, Dios desecha desde luego el dualismo pero también y, por lo mismo, el “trialismo” a que podríamos reducirlo si, por insistir en que es Trino, relegásemos que es uno. Ser Uno y Trino es la realidad indisociable y no tiene sentido ni contemplarlo solo y sencillamente como Uno ni contemplarlo aparte o solamente como Trino.

Eso por una parte. Por otra, no parece que podamos decir que no sabemos cómo engendra Dios Padre a Dios Hijo. Él mismo se lo dio a entender a los judíos de los tiempos en que se encarnó en María la Virgen. Y se lo dio a entender de forma muy asequible.

Que lo diera a entender de un modo muy asequible quiere decir, sin duda, que “los cubrió con su sombra”. También a ellos les dio sombra, en el sentido de que los defendió de sí mismo, del deslumbramiento en que habría consistido una revelación total del propio Dios. Deslumbramiento que nos habría aniquilado, creo yo. (La traducción castellana de la Encarnación –la “cubrió con su sombra”- es demasiado fuerte; la palabra griega que se usa es el verbo “sombrear”, no “cubrir con sombra”; lo que ocurre es que, en castellano, no usamos ese verbo, salvo en el participicio o adjetivo “sombreado”. En francés y en italiano sí que lo hay. En catalán, no sé. Pero seguro que sí.)

No significa, pues, que la “sombra” de Dios actúa, sino que Dios pone a la sombra de su propia luz a aquel a quien se manifiesta (o sea que se oculta lo imprescindible para que tengamos claro que está ahí y actúa, pero sin deslumbrarnos-o-sea-aniquilarnos); por eso, creo, guió a los judíos por el desierto “cubierto” por una nube.

Por tanto, darnos una explicación asequible de sí mismo quiere decir explicarse sin mostrarse del todo, a fin de protegernos de su propia infinitud (y, por tanto, de aniquilarnos en el intento de conocer –con capacidad limitada como es la humana- al que es ilimitado).

Es, pues, una explicación asequible, la que nos da. Pero no se me pasa por la cabeza tampoco que esa explicación tan asequible que nos da a entender no sea total y absolutamente veraz aun en su mero carácter de destello de luz.

Lo que nos da a entender es que el Hijo es su palabra y que para expresar esa palabra se sirve de su aliento. Lo cual quiere decir que se explica a sí mismo como vida, que es lo que es de manera radical. Por eso mismo, puro acto, pura acción, puro aliento –aliento de vida- o sea vida que, como vida, alienta. Y, sólo así, es aliento como aliento que alienta (aunque parezca redundante).

Y el aliento que procede de Dios también es Dios porque se da completamente en ese aliento.

Su aliento consiste en darse enteramente porque consiste en amar (si se quiere, aliento de amor o, mejor, amor vivo y real que, como tal –como vivo- alienta).

Y, claro, si se da enteramente en el aliento, ese aliento significa –es “palabra”-; palabra que, como es amorosa constitutivamente, da –significa- exhaustivamente al Dios que la pronuncia. Por eso es también Dios.

Lo diré de otro modo:

Creo recordar que san Ireneo se rió de que algunas personas de su tiempo –finales del siglo II- concibiesen a Dios como pronunciación real de una palabra. Supongo que lo que le hizo sonreír fue deducir que, para ellos, eso quiere decir que Dios es respiración, o sea puro acto de respirar que aprovecha el aire de los pulmones que no tiene para modular la palabra que dice y que es Dios.

Bien, es como para reírse, desde luego. Pero san Ireneo tuvo que pensar que, ciertamente, si Dios es Vida y esa Vida alienta, se trata de un aliento que Dios mismo modula como significado (o sea alienta de tal modo que ese aliento es puro acto de expresarse; por ello, “palabra”).

El quid no está, por tanto, en saber cómo es palabra, sino en saber cómo es aliento. Habiendo aliento, se comprende que haya palabra. Nosotros pronunciamos palabras sonoras gracias a nuestro aliento, cuando espiramos.

Ahora bien, todo eso queda en una nonada si se admite que lo que alienta, expresa y vive no es aire de pulmones que no existen, sino amor. Puro acto de amor. Puro amar. Así, sí se comprende que Dios se me haga asequible como quien es la misma Vida –vida sin límite-, y justo de ese modo, inmutable; inmutablemente infinita de manera que lo que no muda en Él jamás es también la carencia de límite o el rechazo de cualquier forma de descanso -de detención- de la pura acción que es. Una acción y una vida que es amor y que “respira”, por lo tanto, amor como análogamente cada uno de nosotros toma y expulsa el aire. Él -como amor que respira- no lo expulsa, sino que lo es. Sólo que ser amor es dar amor. No puede ser de otra manera. Exhala de continuo amor que expresa y, por lo mismo, no expresa sino amor. Es puro Amén –dice también San Juan-, pura y total sabiduría, puro acto de saber que dice Amén.

No me digas que no lo entiendes…

Ahora bien, si todo eso es así, es Dios mismo el discernimiento. En sentido real y fuerte.
Piensa ahora en los dos árboles.

Posteado por: joseandresgallego | 25/02/2012

Vía Perú, desde Cantabria?

Leo en la web del historiador José Antonio Benito un comentario anónimo a este blog nuestro que dice así:

Relatos:
Desde mi niñez (Tengo 76 años) vine oyendo y escuchando lo que al respecto relataban las personas a la sazón adultas y muy mayores, sobre lo acaecido en mi pueblo natal, Revilla de Camargo, Cantabria poco antes de que estallase la guerra civil española (antes de 1936). De lo que más se me grabó en la memoria -que incide en esto- está lo que aquí procede narrar:

-Una noche, a altas horas de la noche, llaman unos desconocidos en la puerta principal de la casa-vivienda del señor cura párroco, sita anexionada a la ermita y capilla de Nuestra Señora La Virgen del Carmen de Revilla de Camargo; casa vivienda y capilla interiormente se comunicaban y comunica y, desde la capilla, por su parte posterior, se sale por una puertecilla al exterior, que comunica a un vial y acceso a la casa y establo de un vecino. Todo esto tuvo lugar en aquellos tiempo en que mataban a los curas y, en aquél caso, el cura del lugar y sitio de esta narración, don Isaías Navarro Pumera, aterrorizado que duda cabe, tomó la decisión de no contestar aquella insólita llamada y se escabulló atravesando el interior de la capilla y, por la sacristía, salió por la citada puertecilla y de incógnito se metió en el establo entre el ganado de aquel vecino, llamado don Pedro Gómez -apodado Pedro Kilos-, quién se despertó oyendo todo el desasosiego producido por el ganado ante la presencia del señor cura y, al ver lo que pasaba y la motivación de ello, entró al señor cura en su vivienda y le protegió y, al instante, aquellos desconocidos llamaron en casa del susodicho vecino pronunciando su nombre -Pedro- y preguntándole por el cura, a lo que les contestó que por qué iba a saber del cura, que tenía una vaca enferma y, en aquel momento, estaba pendiente de ella. Pero, si querían, que pasasen; les invitó, pero aquellos se fueron sin decir mas. Entonces el BUEN VECINO DON PEDRO GOMEZ -Pedro Kilos-, de Izquierdas significado, le dio sus vestimentas de paisano al Señor Cura y don Isaias Navarro Pumera vestido de paisano tomó el primer tren de la mañana en Maliaño y se fue a Bilbao, donde estuvo como un paisano más. Luego de terminada la guerra, los hijos del buen vecino don Pedro Gómez (salvador de la vida de aquel señor cura) estuvieron mucho tiempo presos y la gente no amiga del cura decía que el cura no había intercedido por ellos; yo, conocedor como conocí a don Isaias, me inclino en pensar -siempre lo pensé- que don Isaías quizá consiguió que los hijos de aquel buen vecino no pasasen males peores, sin tener que dar noticias al pregonero: Solo Dios sabe a cuántos libró don Isaías del fusilamiento?. ¡¡¡Que Dios les tenga en su Santa Gloria y que en paz descansen!!! Es mi deseo.

Posteado por: joseandresgallego | 08/01/2012

LA HISTORIA DE PILECKI

El relato que sigue está copiado de la revista electrónica “Hispanidad”, sábado, 7 de enero de 2012. El autor dice ser el ángel custodio de Pilecki. Temo que, del relato, todo sea cierto menos eso. En mis modestísimas investigaciones exegéticas (y va en serio), he comprobado que, en el judaísmo palestino de los días en que el cristo Jesús vivió vida mortal, se creía o se sabía que cada ángel sólo tiene una misión, o sea que, a cada ángel, no se le van asignando misiones, sino que sólo lo crea Dios para una. Eso me ha llevado a deducir que, desde el punto de vista, digamos, “ontológico”, un ángel podría ser una relación; esto es: consistir en la relación (consciente de sí misma; por tanto, personal) que vincula al Creador con lo creado. Y, si fuera así, nuestro ángel nos “constituiría” (sin confundirse con aquel a quien constituye), y eso podría explicar -de otro modo- lo sucedido en el lamentable episodio de la manzana (que, en realidad, no tuvo por qué ser una manzana).
Eso se podría conciliar, es cierto, con lo que afirma el presunto ángel que narra lo que sigue: que un ángel puede tener varios custodiados a lo largo de la historia. Todo dependería -según el judaísmo palestino que profesaban los futuros apóstoles- de que ese conjunto de custiodados constituyera una misma misión. Pero la explicación no la veo clara: la razón no es que el ángel esté fuera de la historia; el ángel -según se desprende de las creencias de aquellos judíos- podría ser la relación constitutiva entre el Creador y lo creado y, por lo tanto, el “gozne” entre lo intemporal y lo temporal.
Bueno, mejor que no siga y copie; porque todo lo demás me induce a copiar este texto como algo que también forma parte “De la otra memoria” de un pueblo que, en realidad, es parte del pueblo del que yo, al menos, intento formar parte.
                                                                                                                                                                                                           José Andrés-Gallego
                                                                                                                                                                                           http://www.joseandresgallego.com

LA HISTORIA DE PILECKI

(Marcos 1, 7-11).

(Lucas 3, 1-21).

He recibido permiso para narrar la historia de un hombre del que fui nombrado ángel tutelar. Sí, los ángeles vivimos fuera del tiempo. Por tanto, cada custodio puede tener varios custodiados a lo largo de la historia.

Al protagonista de nuestra historia le considero el prototipo de hombre del siglo XX. En su peripecia se condensa lo mejor y lo peor de aquella centuria: el martirio y el homicidio, un tiempo similar al que hizo exclamar a Isaías: “Si rompieses los cielos y descendieses”.

Witold Pilecki nació en Rusia, en 1901, pero su corazón era polaco. Polonia es el país del siglo XX, y de toda la edad moderna, cuyas fronteras más se han movido de un lado a otro de la Europa central, al igual que sus gentes, perseguidas por los enemigos de Cristo, de un lado y del otro. Pilecki se enfrentó a todos ellos.

Como digo, Witold nació en 1901, más que nada para poder recorrer toda la primera mitad del siglo. Sus padres, viejos campesinos polacos, le educaron con el evangelio en la mano, un método bastante seguro. Al pequeño Witold se le quedaron grabados, vaya usted a saber por qué- los episodios de Juan el Bautista, una personalidad que le atrajo desde el minuto uno. En especial, aquello de “después de mí viene uno que era primero que yo y ante el que no soy digno de inclinarme para desatarle la correa de las sandalias”. Con ese descubrimiento de que siempre hay alguien por encima de uno mismo, Pilecki mamó en su propio hogar el espíritu de servicio, que es lo propio del mártir. El Bautista se convirtió en el maestro admirado del pequeño Witold. Era uno de esos patriotas verdaderos, de los que no aman a la patria sino a los valores que ésta representa. Y ya se sabe que Polonia se conformó con esencias cristianas.

Muchos dicen que su vida debería ser llevada al cine pero los custodios también podemos ser egoístas: yo prefiero saborearla en privado.

A sus 17 años se vio obligado a combatir en la recta final de lo que llamáis la Primera guerra mundial, tras la cual resucitó una Polonia que tres potencias –Rusia, Prusia y Austria- habían fagocitado durante más de un siglo. El Único quiso premiar la fidelidad polaca.

En 1920, Pilecki ya era soldado del renacido Ejército polaco, el mismo Ejército nonato que consiguió la gran victoria de la Batalla del Vístula –el milagro del Vístula- sobre la más poderosa y cruel milicia del momento: el Ejército Rojo de Lenin, dispuesto a llevar el ateísmo comunista hasta el mismísimo Gibraltar, a través de un Europa devastada por la guerra.

En el margen derecho del Vístula, en una especie de Covadonga del siglo XX, es donde nació el odio de los soviéticos a Polonia, producto del odio, aún más intenso, que sentían por el Creador. Al igual que sus futuros aliados nazis, los comunistas sabían muy bien quién era el enemigo.

Pilecki no era un soldado profesional. Hasta 1939 no volvería a empuñar las armas. En aquel feliz periodo de entreguerras, el sentido de la justicia que animaba su fe no fue atacado. Así que se comenzó su aventura familiar: volvió a arar la tierra, se casó y tuvo dos hijos.

Pero ante la invasión nazi, Witold se afilia al llamado Ejército Secreto Polaco, que llegó a contar con 8.000 hombres, entre ellos, oficiales del Ejército polaco sobrevivientes de la fosas de Katyn, uno de los asesinatos en masa del siglo XXI: 21.000 religiosos, intelectuales y oficiales polacos prisioneros, asesinados y enterrados en zanjas comunes: el maligno andaba suelto por el mundo. Así que Witold acabó en el AK, el Ejército patriótico, brazo armado del Gobierno polaco en el exilio, con sede en Londres. El enemigo ya no era el ateísmo comunista sino el `paganismo’ nazi, dos caras de una misma moneda homicida, la moneda vigente en los infiernos, de la misma forma que el Bautista se enfrentó a las dos caras de una misma moneda anticristiana: el paganismo del Imperio romano y el odio de los judíos pervertidos por el Mesías a quien decían adorar.

Fue entonces cuando se le ocurrió una idea realmente extraordinaria que a mí, su custodio me dejó sin criterio, algo que a los espíritus nos ocurre raramente. Ciertamente, no supe que aconsejarle, porque nada más ajeno a un mártir que la temeridad fanática, pero se me indicó que no debía tratar de evitarlo.

Witold aceptó la sugerencia de sus mandos de dejarse prender por la Gestapo para poder ingresar en el campo de exterminio de Auschwitz y, de esta forma, una de las más bestiales abyecciones permitidas a Satán durante el siglo XX, para organizar la resistencia desde dentro pero, sobre todo, para poder contar, de primera mano, a un incrédulo Occidente, lo que estaba ocurriendo allí.

Antes de encerrarle los alemanes hicieron con él lo que mejor sabían hacer: torturarle salvajemente. Estaba previsto, por él y por mí. Del mismo modo que era previsible algo no menos grave: que su sacrificio no sirviera para lograr el fin previsto. El Maligno había cosechado tal grado de vileza en una parte de la humanidad que la buena gente no podía concebir estas matanzas colectivas programadas y desarrolladas a nivel industrial.

Como fuere,  ya en Auschwitz, Pilecki se mostró como el hombre preocupado de servir sin esperar recompensa. Organizó la resistencia de unos reclusos que oscilaban entre el instinto animal de supervivencia y la desesperación que les llevaba a aceptar la muerte como la única salida. En aquel mundo de zombis, aquel discípulo del Bautista, bajo el nombre de la guerra de Tomasz Serafinski, creó una llamada Unión de Organizaciones Militares y preparó a los mejores para hacerse con el control del campo, en caso de ataque aliado. Tampoco se olvidó de la ‘logística’: creo un canal de comunicación con el exterior para pasar informes y para recibir, en aquel infierno, alimentos, ropa y medicinas que repartía entre los reclusos de aquel matadero.

Pero hasta sus superiores, que le habían enviado al averno, creyeron que exageraba. Mucho más en Londres, donde sus informes acabarían en la papelera: debieron pensar que ni los endemoniados nazis podían caer tan bajo.

Al final se le ordenó salir del campo. Hasta que llegó ese momento, yo he visto a mi custodiado atar las correas de las sandalias a muchos polacos y aún a más judíos que, gracias a Witold, aprendieron a vivir y algunas veces también a morir.

Logró evadirse y el fracaso de su misión no arrumbó sus esperanzas. Participó en el levantamiento de Varsovia donde a punto estuvieron de hacerse con el control de la ciudad a pesar de no recibir el previsto apoyo aéreo aliado. Otra prisión nazi y salida del fuego para caer en las brasas: los bolcheviques expulsan a los nazis de Varsovia. Desde entonces, Pilecki cambia de enemigo: ahora luchará contra los comunistas para evitar la sovietización de Polonia.

Pilecki se une a los restos del cuerpo de ejército polaco que había combatido en Montecassino y en Normandía. Allí se encontró en su salsa. Eran los mismos hombres que habían dejado escrito, en las lapida del cenobio de San Benito, el sentido de sus vidas: “Nosotros, soldados polacos, ofrecemos nuestros cuerpos al suelo de Italia, nuestras almas a Dios, nuestros corazones a Polonia”.

Pilecki organizó una red clandestina de información contra los rusos. Cuando los líderes del Occidente cristiano ceden ante Stalin en Yalta, los polacos se sienten traicionados pero Pilecki continúa luchando por una Polonia cristiana, es decir, libre. El Gobierno polaco en el exilio ordena a su ejército en el interior que se disuelva y huya al extranjero. Witold quien, como él decía, era “muy bueno obedeciendo”, acata la orden de disolución pero no la de huída. Como combatiente solitario se dedica a proteger a los soldados polacos prisioneros de los comunistas o a los perseguidos por los asesinos del NKVD, el siniestro precedente del KGB del Gulag. Vuelve a enviar informes a Occidente, esta vez narrando las barbaridades soviéticos. Pero Occidente ha firmado la paz con la tiranía de Moscú y ya no quiere escuchar la voz de su conciencia. Al final, Pilecki es capturado por el NVKD. Los nazis no buscan excusas para sus crímenes. Por contra, el imperio de la mentira necesita disfrazar el homicidio de justicia. Los comunistas recluyen a Pilecki en la prisión Mokotov, en Varsovia. Donde nuevamente es brutalmente torturado antes del juicio.

Pilecki no desmaya. Como el Bautista se impone a la mentira. En aquel tribunal de la parodia soviética, testigos sobornados le acusan de crímenes de guerra. Estamos en 1947 y, como en el juicio del Maestro ante el Sanedrín, ni los testigos pagados logran formular una acusación coherente, mientras Pilecki denuncia los crímenes rusos contra los polacos, Katyn incluido. No se sintió un héroe por ello: como había ordenado el Bautista, Witold, como buen soldado, se conformaba con su soldada.

Al final, echan mano del último recurso: la traición, que siempre precede al martirio. Los jueces recurrieron a uno de sus excompañeros de armas con quien había luchado contra Hitler: nada menos que Józef Cyramkiewicz, superviviente de Auschwitz, quien acusó a su ex compañero de haber cometido asesinatos: “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia”. Pilecki fue fusilado en el patio de la prisión y Cyrankiewicz se convirtió en ministro de la nueva Polonia comunista.

Pero la conciencia humana es puñetera y se resiste a morir. Por eso, los soviéticos necesitaban ocultar las reliquias de Pilecki. Arrojaron sus restos a un vertedero para que su cuerpo fuera incinerado junto a la basura y sus restos desaparecieran, al igual que su historia. Esto último no lo conseguirán ni en vuestro mundo ni, mucho menos, en el Reino. Herodes, al menos, permitió que los discípulos de Juan honraran el cuerpo de su maestro, pero los soviets no podían permitir que surgiera un modelo de cristiano libre.

Al final, otro polaco, un tal Karol Wojtyla, terminaría con el comunismo, el imperio de la mentira. Y para ello, no necesitó disparar un solo tiro.

Eulogio López

Posteado por: joseandresgallego | 01/01/2012

Yo también estuve en Uclés: La prueba (II)

[Sigo con la lectura del relato del padre Bardón sobre lo sucedido con la comunidad agustina de Uclés (Cuenca, España) en la guerra civil española y, de la narración de los horrores, entresaco las acciones de quienes intentaron paliarlos o impedirlos.

José Andrés-Gallego
blog: joseandresgallego.wordpress.com
http://www.joseandresgallego.com]

Era ya el 24 de julio de 1936, víspera de la festividad del apóstol Santiago, titular del monasterio [de Uclés, Cuenca, España]. Aquellos días se había organizado un triduo de adoración continua para pedir por la paz. La comunidad entera, compuesta por cerca de 120 personas, estaba presente en la monumental iglesia. Profesos y novicios cantaban las vísperas. […] Sería, aproximadamente, la una y media de la tarde, cuando los jóvenes aspirantes, que estábamos en los claustros y patio interior, vimos entrar en el monasterio al alcalde del pueblo, D. Pío Iniesta. […] ante la proximidad de columnas anarquistas que se dirigían a Madrid, procedentes de Valencia, y que algunos de ellos podrían desviarse hasta el monasterio, las vidas de los religiosos estaban expuestas a serios peligros. […] Comenzaba así, a las dos de la tarde, el desalojo de este monasterio, que había sido morada durante 34 años de los religiosos agustinos. […] Todos salimos por la puerta principal en dos filas y con dirección hacia la plaza del pueblo. Tanto a la derecha como a la izquierda se apiñaba la gente de la localidad, unos curioseando, otros sonriendo y otros con lágrimas en los ojos. Entre ellos estaban más de 30 personas, que diariamente acudían, al terminar la comida, a recoger la ración que generosamente la Orden compartía con los más necesitados. En Uclés abundaba el latifundio, y había muchas personas con verdadera necesidad y, paro continuo, si se exceptuaba la época estival.

Había personas que defendían nuestra inocencia, y sin titubeos, así lo demostraban con palabras de aliento. Un anciano con voz temblorosa nos decía “¡Ánimo, hijos míos, que el morir por Dios no es cobardía. Benditos seáis!” […] Muchas familias de la localidad fueron acogiendo a una o más personas, según sus propias posibilidades. Yo fui a parar a una casa de las más pudientes de Uclés, la de los señores Martínez Villalba. Su primogénito, Manolo, era poco más o menos de mi edad y estudiaba el bachillerato en Madrid. Él recogió a seis aspirantes de mi curso, cuyos nombres recuerdo perfectamente, y nos llevó a su vivienda. Saludamos a sus padres, que se mostraron muy acogedores, y a una hija, de nombre María del Carmen. En el domicilio había otras personas que estaban a su servicio. Tenían, en una habitación, capilla particular, en la que proseguimos nuestras devociones. […]

Al día siguiente, festividad del Apóstol Santiago, oímos la misa en la pequeña iglesia del pueblo. Todavía la clausura de los templos no había llegado a este lugar. […] El 27, lunes, aunque no era de obligación, siguiendo con nuestra costumbre de asistir diariamente a la Eucaristía, escuché la última celebración. La siguiente tardaría dos años en llegar, y fue en la Pascua de 1938, no en tierras manchegas, sino en la montaña de León.

Eliseo Ildefonso Bardón, OSA

Posteado por: joseandresgallego | 25/11/2011

YO TAMBIÉN ESTUVE EN UCLÉS (I): TORMENTA AL INICIAR EL CAMINO

ZS11112401 – 24-11-2011
Permalink: http://www.zenit.org/article-40984?l=spanish

MADRID, jueves 24 noviembre 2011 (ZENIT.org).- De nuevo en De la otra memoria, el historiador José Andrés-Gallego ofrece una historia que conviene conocer a las nuevas generaciones porque esta es también memoria y de la buena. La cuenta un “joven” de noventa años, único agustino superviviente de una matanza semejante a la de Paracuellos del Jarama, Madrid, España.

*****

Por José Andrés-Gallego

Conocí a don Eliseo I. Bardón hace unas semanas, en unas jornadas a las que ya me he referido, sobre los mártires españoles del siglo XX. Me lo presentaron como el único agustino que se salvó de morir en Paracuellos, entre los detenidos que acabaron así. Él aclaró enseguida que no era así. Que su sitió estaba en Uclés (Cuenca, España). Los agustinos que murieron en Paracuellos procedían del Escorial. Pero, desde el primer momento, vi que el padre Bardón es un joven –realmente lo es- de noventa años. Entendió divinamente la intención de esta sección de ZENIT. Ya ha publicado su memoria del trance de la guerra en el libro Mártires del siglo XX en España: Don y desafío, Madrid, Edice, 2008, pág. 133-156. Pero la ha reelaborado y, probablemente, ampliado y así me lo ha hecho llegar. Es un regalo. Voy a hacer lo siguiente, si a él le parece. Lo publicaré íntegro en el blog indicado abajo. Disfrutarán leyéndolo y verán todos los matices. Pero, en Zenit, sólo transcribiré los párrafos que abundan –queriendo o sin quererlo- en lo que se pretende en esta sección: mostrar el bien que hubo en el mal. Hoy, por lo tanto, vuelvo al oficio de copista:

(I) Tormenta al iniciar el camino

Acudo a vivencias todavía muy presentes en mi memoria. […] Nací el 23 de enero de 1921 en una pequeña aldea leonesa, Santibáñez de Arienza, dentro de la comarca de Omaña, limítrofe con Babia, lugar del que todo el mundo ha oído hablar. Era mi familia de humildes labradores y ganaderos, y en la casa, además de mis otros cuatro hermanos y mis padres, estaba un tío carnal de mi madre, sacerdote ya anciano, que falleció en el mes de marzo de 1931 a los 95 años. […] Había en mi familia tres sobrinos de mi padre que eran religiosos agustinos, a quienes, alguna vez veía y admiraba, cuando en ocasiones esporádicas iban por el pueblo. Por esto, y acaso también por otras cosas, se despertó en mí el deseo de ser religioso y sacerdote. No tenía más de seis años cuando, a los postres de una fiesta que se celebraba en la localidad, un sacerdote llamado don Manuel, párroco de Soto y Amío, cogiendo un gran racimo de uvas, se dirigió a mi persona que, de vez en cuando andaba merodeando por la mesa de los comensales. Puesto de pie y muy solemnemente me dijo: “Eliseo: si en lugar de querer ir al seminario de los agustinos, vas al seminario diocesano, te doy este racimo de uvas”. Me quedé mirando y dije: “Sí, es verdad que me gustan las uvas, pero yo quiero ser fraile”. Don Manuel respetó mi decisión y además me dio el hermoso racimo de uvas. Ese deseo iba creciendo a medida que pasaban los años, y con los doce cumplidos, ingresé en el Monasterio de Santiago de Uclés, Cuenca. Y ¿por qué Uclés? Porque allí estaba otro primo carnal, que había hecho el ingreso en 1927, seis años antes que yo.

[…] En mayo de 1935 hubo en Uclés una concentración de la CEDA, partido político que dirigía el abogado don José María Gil Robles. Fue un día triste para el rector de la casa, padre José Gutiérrez, por no estar de acuerdo con tales actos, pero muy gozoso para los jóvenes seminaristas, que en aquella ocasión recorrimos todos los lugares mezclándonos con miles de personas que de diversos lugares habían acudido al evento. Aunque éramos pequeños nos percatábamos muy bien de la situación de la patria, especialmente cuando nuestros profesores y formadores hacían hincapié pidiéndonos más oraciones y visitas al Sagrario para lograr la paz y bien de la nación. […]

Estando un día disfrutando del recreo a la sombra del Castillo, observamos que junto a la torre estaban tres o cuatro hombres del pueblo con escopetas en sus manos. Tomamos los jóvenes la cosa un poco a broma y les dirigimos algunas palabras no del agrado de nuestro mentor, padre Emiliano López, quien nos hizo la corrección pertinente, terminando con estas palabras bien grabadas todavía en mi mente: “El día que quieran, pueden echarnos del convento”. Desde aquel momento aprendimos muy bien la lección y nos dimos cuenta de que la situación había cambiado radicalmente de rumbo. Ignorábamos que la guerra civil había comenzado el 18 de julio.

Eliseo I. Bardón

(Continuará, Deo volente)

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Posteado por: joseandresgallego | 12/11/2011

Entre asesinar o salvar en nombre de Dios: Aquella blasfemia…

ZS11111003 – 10-11-2011
Permalink: http://www.zenit.org/article-40867?l=spanish

MADRID, jueves 27 octubre 2011 (ZENIT.org).- De nuevo en De la otra memoria, el historiador José Andrés-Gallego ofrece una historia de humanidad en medio de la barbarie irracional que estalla en los conflictos armados. Con modos poco ortodoxos, un buen cura rural salvó unas cuantas vidas en su pueblo.

*****

En el pasado mes de octubre, se celebraron unas jornadas sobre Los mártires del siglo XX en la Conferencia Episcopal Española. Las primeras ponencias se centraron en una idea capital: la de que fue una época de martirio para cristianos de las más variopintas confesiones. El profesor Roccucci –de una de las universidades romanas- abrió boca con el recuerdo de lo ocurrido en Rusia entre 1917 y 1939 y otro profesor no menos romano ni menos prestigioso –Fidel González- no dudó en evocar a los portugueses que fueron víctimas propiamente religiosas en la persecución que comenzó tras la revolución de 1910 y a los cristeros mexicanos asesinados en los años veinte. Y ésas no son más que unas pocas muestras. Quien se quiera asomar a la magnitud de ese hecho hallará una buena ventana en el libro de Andrea Riccardi El siglo de los mártires (Plaza & Janés, 2001).

Lo que a mí me correspondió fue explicar la relación que pudo haber entre todo ese enorme conjunto y lo sucedido en España entre 1936 y 1939. Y eso fue lo que me propuse. Para un historiador –la verdad sea dicha- no es tarea difícil. Hay multitud de estudios sobre la historia de las explicaciones que se daban en esos mismos días para justificar o, al menos, disculpar la violencia. En España, tuvieron importancia especial las mismas que en el resto de Occidente; sobre todo estas dos: una, la idea de que la religión es el opio del pueblo; la otra, que “el Estado burgués” se apoya en el Ejército y la Iglesia como pilares principales y es preciso, por tanto, destruir uno y otra si se quiere lograr la libertad universal.

En España, no tuvieron un peso semejante, en cambio, las ideas racistas de exterminio. Pero, como contrapartida, hubo quienes mataron a otros en el nombre de Dios, y no sólo en defensa propia o de terceros. En la retaguardia de los dos bandos, hubo demasiados cobardes que no se jugaron la vida en el frente, sino que se armaron para matar a quienes no estaban armados. Y –algunos- incluso se atrevieron a invocar el nombre de Dios. Esta sección, ya sé, no ha nacido para recordar ese hecho. Pero, en estos días, un campesino de Castilla a quien conozco de hace mucho me ha hecho llegar una historia que me conmueve enormemente, y eso por el protagonista –el cura de su pueblo- y por el empleo que hizo, en 1936, del nombre de Dios. Les pido que la acepten con la serenidad y la comprensión con que la escuchó hace ahora una semana un cardenal de la Iglesia en Roma, adonde tuve que ir en esos días.

El pueblo es Rioseco –uno de tantos pueblos que, en España, se llaman “Rioseco”-; también allí llegaron los “valientes” de retaguardia y mataron a dos vecinos que se consideraban del otro bando. El asesinato causó estupor en la comarca; uno de ellos era un zapatero ambulante, conocido y querido en todo el entorno. Su muerte fue el revulsivo que sirvió para que la gente de aquellos pueblos tomase conciencia de que el horror de la guerra había llegado, al cabo, hasta allí.

También tomó conciencia del horror el cura de Rioseco, que era un joven fornido, grande y fuerte, además de mañoso. Iba a cazar con los vecinos y pasaba por ser de los mejores, si es que no era el mejor. Tenía una escopeta que parecía milagrosa. Todo obliga a pensar que sintió la más santa (y aguda) de las iras al enterarse de lo que había ocurrido.

Al cabo de unos días, los “valientes” se presentaron nuevamente en Rioseco, a buscar gente que no fuese muy “ortodoxa”, aunque no se declarase de izquierdas. El campesino que lo cuenta lo relaciona con su propio padre y la media docena de jóvenes que no iban a misa. El cura, que lo supo, armó la escopeta; salió a buscar a los “valientes”; se plantó frente a ellos; les apuntó con el arma y les dijo: “Me c… en Dios que no os lleváis ni a uno más”. No se llevaron ni uno más.

Quizás en otro artículo busque un ejemplo semejante del otro bando. Ahora déjenme que guarde silencio. Lo merece aquel cura (y, sobre todo, Dios).

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